De bloques de hielo a congeladores comerciales, así evolucionó la refrigeración industrial

Uno de los libros más importantes del siglo XX empieza con un bloque de hielo: Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. 


Gabriel García Márquez sabía que antes el hielo no era una comodidad como lo es hoy en día, sino un milagro, un cambio revolucionario capaz de transformar a la sociedad, de ayudarla a crecer de una aldea a un pueblo y quizás a una ciudad. El hielo era sinónimo de frío, de refrescar, preservar y más.


Se dice que el emperador romano Elagabulus mandaba esclavos a las montañas a que le llevaran nieve y la amontonaran en su jardín. Todo para que la brisa refrescara el interior de su hogar. También se cuenta que en México se le llevaba nieve a los tlatoani (una especie de emperadores) de Tenochtitlán desde los volcanes Popocatépetl e Iztaccihuatl.


Incluso la refrigeración tiene su origen mucho antes de lo que se cree. Por ejemplo, en la antigua Persia existía el Yakhchal, un método arquitectónico en forma de domo en espiral para refrigerar alimentos que aprovechaba la refrigeración por evaporación.

De bloques de hielo a <span><strong>congeladores comerciales, </strong> así evolucionó la refrigeración industrial</span>

Hablando de refrigeración industrial, debemos remontarnos a los hombres que iban a lagos congelados, rompían el hielo y lo transportaban a veces miles de kilómetros con métodos de conservación como ponerlos en la parte más baja de las embarcaciones y cubrirlos con aserrín. Durante mucho tiempo esta industria sólo existía por la creación de hielo de manera natural y por el uso de refrigeradores arcaicos que no podían generar una gran producción. 


Desde mediados del siglo XVIII la refrigeración industrial comenzó a desarrollarse. En 1755 William Cullen diseñó una máquina que usaba una bomba para crear un vacío en un recipiente de éter dietílico. El vacío reducía el punto de ebullición del éter y permitía que el éter absorbiera más calor del aire circundante cuando se hervía. Aunque fue aclamado como un avance útil, no resultó una aplicación práctica.


Comenzando el siglo XIX la refrigeración mecánica, basada en la expansión de un fluido mediante su evaporación trajo cambios significativos. Los primeros intentos fueron por evaporación de un líquido, pero en 1805 Oliver Evans diseñó una máquina de refrigeración a vapor. Años después John Gorrie creó una máquina para refrescar las habitaciones de pacientes de fiebre amarilla. Este aparato comprimía un gas que se enfriaba a través de bobinas de radiación y se ampliaba para bajar la temperatura. 


Basado en eso, el australiano James Harrison introdujo la refrigeración de compresión a vapor en las industrias cerveceras, que a día de hoy sigue siendo utilizada. Al usar éter, alcohol o amoníaco en lugar de aire simple, la invención de Harrison permitió tanto la reutilización del agente refrigerante como que las temperaturas se llevaran muy por debajo del punto de congelación del agua. Harrison usó un compresor para forzar el gas de refrigeración a través de un condensador donde se enfrió y licuó. El gas enfriado luego circuló a través de bobinas y se vaporizó, enfriando el proceso circundante. A partir de entonces la industria avanza a pasos agigantados y en 1859 Ferdinand Carré diseña un sistema más complejo con amoniaco que da paso al transporte refrigerado.


Rápidamente, otros sectores comenzaron a darse cuenta de los beneficios de la refrigeración. Por ejemplo, la industria acerera podía aprovechar los cambios de temperatura para trabajar mucho más rápido, pues menos humedad en el aire equivalía a mayor producción de hierro.


Así es como la refrigeración se industrializó. La refrigeración industrial antecede a la casera por casi más de 40 años y gracias a ella la agricultura tuvo una expansión inimaginada. Por la cadena de frío, los alimentos podían llegar más lejos y conservarse por más tiempo. Es gracias a la refrigeración y otros factores que ciudades como Los Ángeles, Las Vegas y otras con climas cálidos y bastante calientes, pudieron expandirse como lo han hecho hoy en día. 


La refrigeración industrial ha pasado de usar gases que destruyen la capa de ozono a productos ecológicos que generan un menor impacto en la atmósfera. Rensa se encuentra a la vanguardia en términos tecnológicos y procesos químicos que permiten que sus refrigeradores sigan las reglas más estrictas para operar.